Si bien el nuevo estatuto de mi comunidad, Andalucía (España), se ha aprobado por amplia mayoría (el 90% de Sí frente al 10% de NO), la alta abstención (64%), la interpreto como una preocupante desarmonía o discordancia entre la clase política y la sociedad andaluza. Por mucho que los partidarios y detractores se feliciten, ambos han fracasado estrepitosamente. ¿Se generalizará este fiasco y desengaño a las cercanas municipales y, después, a las elecciones nacionales como signo de cansancio, tristeza y desinterés, consecuencia de la sensible crispación política, los vacíos mensajes y la generalizada corrupción? Deseo que no suceda y que la sociedad soberana se pronuncie suficientemente y ponga a cada uno en el lugar político que le corresponda.