Seguir la corriente a una persona y adularla para, posteriormente, obtener réditos de ella, es una práctica muy común en esta vida y reprobable, pero, ¿es una descortesía o grosería adelantarse a realizar lo que suponemos ha de serle grato a una persona que queremos, apreciamos, tutelamos o respetamos?
“Ella gastó todo el charco
en escarpín de un tobillo,
y, por subir más arriba,
la corriente daba brincos.
Bailar el agua delante
solo con ella lo he visto”
(Romances, de Quevedo)











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